Las Alpujarras en otoño

(originalmente PUBLICADO en el blog Vientos de Jaén)

El fin de semana del 7-9 de noviembre estuve en las Alpujarras con unos amigos. No era la primera vez que visitaba esta comarca granadina; sin ir más lejos, este mismo año hice otra ruta con Irene, que podéis ver en el blog con el título de La Alpujarra de Gerald Brenan.

En esta ocasión hemos explorado la parte más conocida de las Alpujarras: el Valle de Poqueira y la carretera que sube hasta Trevélez.

El alojamiento lo encontramos utilizando alorustico.com, una página que ofrece gran oferta de casas rurales en las provincias de Jaén y Granada, aunque tiene la desventaja de que para reservar hay que pagar un adelanto mediante giro postal. Por lo demás, la casa —situada en Bubión— era grande y bastante confortable, con un amplísimo balcón abierto sobre el Valle y las cumbres de Sierra Nevada.

Con toda probabilidad, el mes de noviembre es una de las mejores épocas para visitar las Alpujarras, siempre y cuando acompañe el buen tiempo. El otoño se presenta aquí tiñendo el campo de colores pardos, amarillentos, dorados y rojizos, que contrastan con el blanco refulgente de las aldeas y las nieves de las cumbres. El aire y el agua bajan cristalinos y limpísimos de la sierra, e invitan a salir al campo a pasear.

EL VALLE DE POQUEIRA

El sábado lo dedicamos a los tres pueblos del Valle de Poqueira. Primero dimos un paseo por Bubión, un pequeño laberinto de callejones, casas encaladas y plazas que parecen no haber cambiado en siglos. La arquitectura alpujarreña se presenta en casas con techos planos, cubiertos de launas, con esbeltas chimeneas cónicas, con ristras de pimientos en las ventanas, con los vivos colores de las macetas resaltando en el blanco de la cal.

De Bubión subimos a Capileira por el camino largo, el que primero baja hasta el río Poqueira. Fue un agradable paseo, recogiendo castañas, pasando junto a umbrosos arroyos, admirando las impresionantes vistas del Valle. Pero la subida final a Capileira resultó más dura de lo esperado, ascendiendo por una vereda que a veces se confundía con el cauce de un arroyo.

En Capileira tuvimos un merecido descanso, tomando una cerveza en la Plaza del Pueblo. Allí se veía la mezcla de gentes diversas que da un carácter peculiar a estas poblaciones: niños saltando a la comba, ingleses vestidos a lo hippy, turistas con cámaras réflex, y abuelos auténticamente aldeanos.

Por último Pampaneira me pareció un pueblo algo más explotado turísticamente, por su mayor cantidad de tiendas y restaurantes. Aquí se encuentra la Fuente Chumpaneira, que dice que todo el que beba de sus aguas se casará pronto.

RUTA HASTA TREVÉLEZ

El domingo dejamos la casa y emprendimos ruta hacia Trevélez. Por el camino, paramos en la Fuente Agria -situada a la salida de Pórtugos-, para probar sus aguas ferruginosas de sabor metálico, que al parecer tienen propiedades medicinales. Después bajamos a ver el Chorreón, la cascada que forman estas aguas tiñendo de óxido las piedras y las hojas caídas de los árboles.

Luego la carretera se va adentrando en la sierra, con el telón de fondo de las cumbres nevadas, hasta que llega a Trevélez, el pueblo más alto de España. Aunque quizás no tiene el encanto de los pueblos del Barranco de Poqueira, el emplazamiento de Trevélez es impresionante, y merece la pena por sus restaurantes y sus espléndidos jamones serranos.

Por solo 9 euros nos sirvieron un menú completo, con el típico plato alpujarreño, que a ninguno dejó con hambre. Y por otros 9 euros el kilo me llevé a casa un jamón de primera calidad.

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