Belchite, memoria de la Guerra Civil 

El mes de agosto de 1937 la historia de Belchite cambió para siempre. Fue entonces cuando el ejército republicano atacó el pueblo, en el marco de lo que fue la campaña militar del Ebro, que pretendía reconquistar Zaragoza para la República. Lo que se presumía que iba a ser una plaza fácil de conquistar, acabó derivando en una batalla de varios días, que a la postre fue decisiva en arruinar los planes republicanos. El pueblo siguió sufriendo estragos hasta el final de la guerra, cuando las autoridades franquistas decidieron crear un pueblo nuevo, dejando de lado las ruinas del viejo. Así se creó un Belchite nuevo, en el que por cierto todavía se ven símbolos falangistas, que recuerdan el triste pasado de la localidad.

Al cabo del tiempo, las ruinas de viejo Belchite han quedado como una herida abierta, como un testigo mudo de aquel horror fratricida que fue la Guerra Civil española. Por extensión, se ha convertido también en símbolo universal de todas las guerras.

Desde hace un par de años, el pueblo viejo de Belchite se encuentra vallado y ya no es posible visitarlo por libre, sino en visita guiada. Así se pretende, a la vez, mejorar la seguridad de los visitantes y preservar mejor lo que queda del pueblo viejo, cada vez más sumido en la ruina y destrucción.

Nuestra visita a Belchite arrancó en el Arco de la Villa, una antigua puerta del pueblo, que me recordó bastante al que había visto un par de días antes en Rubielos de Mora. La guía comenzó a contarnos la historia de la batalla, al tiempo que nos daba detalles de la vida cotidiana en el pueblo en aquellos días. Nos fue conduciendo por la Calle Mayor, que en su primer tramo conserva las fachadas de bastante casas, aunque poco a poco va dando paso a una destrucción en la que solo quedan escombros.

Belchite (1 de 18)
Puerta de la Villa
Belchite (2 de 18)
Un lugareño disfrazado de miliciano

Belchite (3 de 18)

Belchite (4 de 18)
Calle Mayor

Belchite (5 de 18) Belchite (6 de 18)
Belchite (7 de 18) Belchite (8 de 18) Belchite (9 de 18)

Llegamos a lo que fue la plaza del pueblo, en la que hoy en día apenas hay una gran Cruz de Hierro y las ruinas de la Torre del Reloj, antiguo campanario de una iglesia. Más adelante, encontramos la hermosa fachada de la iglesia de San Martín, un lugar sobrecogedor en el que me llamaron la atención unas poéticas palabras escritas en la puerta:

Pueblo viejo de Belchite,
ya no te rondan zagales,
ya no se oirán las jotas
que cantaban nuestros padres. NB

Frente a la iglesia, hice un par de fotos a mi hija Martina jugando con la tierra en el suelo, y pensé en los zagales que alguna vez jugaron y llenaron con sus risas este lugar desolado.

Belchite (10 de 18)
La Plaza del Pueblo, con la torre y la cruz

Belchite (11 de 18)
Belchite (12 de 18) Belchite (13 de 18) Belchite (14 de 18) Belchite (15 de 18) Belchite (16 de 18)

La guía nos llevó de vuelta hacia la entrada del pueblo, desviándose para ver el otro gran edificio (o ruina) que queda en el viejo Belchite: la iglesia del convento de San Agustín. En su torre pudimos ver una bomba incrustada, que nunca llegó a explotar. Cuando la guía nos estaba despidiendo, apareció un pastor con su rebaño de ovejas, pastando en los terrenos que en otro tiempo ocuparon las casas. Allí concluyó la visita de este lugar, tan triste y tan poético, que es el viejo Belchite.

Belchite (17 de 18)

Belchite (18 de 18)
Iglesia de San Agustín

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