Vilafamés y Ares del Maestre

En Semana Santa Irene, Martina y yo hicimos un viaje por las provincias de Castellón, Teruel y Tarragona. Nuestra idea fue la de perdernos en pequeños pueblos de interior, como los que visitamos en la comarca del Maestrazgo (que se divide entre Castellón y Teruel); pero también abarcar zonas costeras más turísticas como Peñíscola y la Costa del Azahar. En definitiva, un viaje que mezcló de forma inigualable paisajes de mar y de montaña.

VILAFAMÉS

El sábado santo partimos de Jaén, con la idea de hacer una parada intermedia en Castellón, antes de llegar a nuestro primer alojamiento, en el pueblecito de Ares del Maestre. Así pues, nos detuvimos primero en Vilafamés, un pueblo que había visto que aparecía en la lista de la asociación de Los pueblos mas bonitos de España. No fue el único de los pueblos de la lista que conocimos en este viaje; incluso me atrevería a decir que esta zona de España, entre Castellón y Teruel, es una de las que concentra más pueblos de interés turístico y fotográfico.

Vilafamés no tiene grandes monumentos, pero sí una espectacular ubicación en lo alto de una colina, sobre la que se concentra un coqueto casco antiguo, magníficamente cuidado por sus habitantes. Dimos un paseo muy agradable por el pueblo, disfrutando de una cálida luz de atardecer de abril, que adelantaba el buen tiempo que íbamos a tener todo el viaje.

Entre las muchos vistas y perspectivas de Vilafamés, destacaría la que se ve desde el Carrer Camí Serra, con la hermosa silueta del pueblo sobre la colina. La foto está hecha por la tarde, a contraluz; por eso lo ideal habría sido fotografiar esta vista por la mañana.

ARES DEL MAESTRE

Ya casi anocheciendo llegamos a Ares del Maestre (Ares del Maestrat en valenciano), un minúsculo y bellísimo pueblecito encumbrado en las montañas, a más de mil metros de altitud. Se llega hasta allí después de ascender una sinuosa carretera, desde donde se ve el pueblo como un nido de águilas elevado en lo alto.

Ares fue uno de los grandes descubrimientos del viaje. La sensación de soledad, tranquilidad y aislamiento hace que el viajero se sienta allí transportado casi a otro mundo. Aunque repito que el pueblo es minúsculo, tuve oportunidad de pasear por él a distintas horas del día, disfrutando del encanto de sus calles y sus paisajes.

De forma especial, recomiendo ver el pueblo desde arriba. Para ello se pueden hacer dos cosas: una es subir por el sendero que conduce a la llamada Muela de Ares (una meseta próxima), para ver una bonita perspectiva de los tejados del pueblo, la iglesia y la gran roca que da a Ares su perfil característico.

Otra opción es ascender a la roca ya dicha, sobre la que quedan algunos vestigios del antiguo castillo. El interior de la roca contiene además el Museo de la Cueva del Castillo, que desgraciadamente nosotros no pudimos ver por estar cerrado.

Además, los interesados en las pinturas rupestres pueden encontrar en las proximidades varios enclaves de singular importancia, como las de Cueva Remigia, integradas en la declaración de Patrimonio de la Humanidad del arte rupestre levantino.

En Ares nos quedamos dos noches, en una casa rural magníficamente equipada y restaurada y que recomiendo sin dudar: Casa Virginia. Entre otras cosas, tiene desde sus ventanas unas vistas increíbles al vasto paisaje de la sierra. Al día siguiente, ese fue nuestra base para hacer una incursión a algunos pueblos de la vecina provincia de Teruel.

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